La lectura de un buen libro es un diálogo incesante, en el que el libro habla y el alma contesta.
(ANDRÉS MAUROIS)

Los mejores libros son aquellos que quienes los leen creen que también ellos pudieron haberlos escrito.
(BLAISE PASCAL)

Todo libro tiene por colaborador a su lector.
(MAURICE BARRÉS)

Lo que se lee sin esfuerzo ninguno, se ha escrito siempre con un gran esfuerzo.
ENRIQUE JARDIEL PONCELA

jueves 21 de agosto de 2008

MI ÚLTIMO LIBRO

Salió a la venta en el mes de junio de 2007, durante la Feria del Libro de Madrid.

CONTRAPORTADA:


Abril de 1948.
Irene, a sus seis años, es ingresada en un sanatorio antituberculoso de la ciudad de Málaga, en el que deberá permanecer durante cuatro años. En ese mundo luctuoso en el que está inmersa, la niña nos narra, con esa frescura infantil exenta de toda afectación, su particular epopeya cotidiana en la que la risa y el llanto van íntimamente ligados. A su alta hospitalaria se verá enfrentada a dos entornos familiares antagónicos: por una parte, el gélido clasismo de sus tíos, miembros destacados de la alta sociedad. Por la otra, la desesperada lucha de sus padres por subsistir.
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Ora pro nobis es una puerta abierta a un mundo sobrecogedor de hechos inenarrables, que atrapa desde el primer instante. En ésta novela, Maite García Romero, con un dominio creciente de las dotes narrativas y del análisis psicológico, se oculta tras una cortina de invisibilidad para permitir que la niña, y posteriormente la adolescente, sumerjan al lector en esa atmósfera opresiva de intolerancia y pundonor de la que difícilmente saldrá ilesa.

. . . . . . Editorial Huerga y Fierro Editores

PRESENTACIÓN






















Ora pro nobis fue presentado por el Ayuntamiento de Málaga, el día 16 de mayo de 2008, en los salones del Hotel Málaga Palacio.


martes 17 de julio de 2007

Cuando comencé a escribir Ora pro nobis, me posicioné como autora intentando describir, opinar, juzgar y sacar conclusiones, con la mayor riqueza de vocabulario y fluidez narrativa, propia de un estilo literario idóneo. No tenía en cuenta que en esa trama que yo había elaborado se hallaba Irene, la niña protagonista, intentando abrirse paso entre el laberinto de mis pensamientos.
Rompí más de cien folios escritos; tomé a Irene de la mano, la coloqué delante de mí y le permití que hablara. Le permití que llorase, que se enfadara, que riese a carcajadas, en definitiva, que expresara sus sentimientos como le diera la gana. Yo, simplemente, me dediqué a observarla, a percibirla. Y así, de esta manera, Irene consigue, con ese tono fresco y natural lleno de color y afecto, meterse dentro de nosotros y hacernos ver que vivir puede ser una aventura apasionante, aunque no sea cosa fácil tocar el cielo.
Ora pro nobis es una novela en la que propiamente el diálogo es acción y la acción es diálogo, la tristeza es alegría y la alegría es tristeza, donde reír y llorar es lo mismo.
El sistema dialogal que he adoptado en este libro, nos da una idea concreta de los caracteres de cada personaje. Estos se componen, o imitan más fácilmente, por decirlo de alguna manera, a las personas cuando con su propia palabra manifiestan sus sentimientos dándonos la magnitud, más o menos profunda, de sus acciones. La palabra del autor, narrando y describiendo, no tiene, en término generales, tanta eficacia, ni da tan directamente la impresión de la verdad espiritual de los personajes, como con la virtud misteriosa del diálogo que es como vivir la aventura o el suceso en vivo y en directo.
La historia se desenvuelve en su primera parte, entre un ritmo apacible y divertido, amenizado por el candor y la ingenuidad de unos niños; como trepidante por el entorno riguroso y el sufrimiento que rodea la vida de estos mismos niños. En su segunda parte, Irene, llegada ya su adolescencia, nos sigue dejando el testimonio de una época y una sociedad, en la que unas personas que comparten un inalterable código de conducta, fuera del cual todo es un caos de mal gusto y vulgaridad, enturbian su natural desarrollo como mujer. Efectivamente, tanta respetabilidad y compostura, tanta costumbre fosilizada en prejuicios y ritos inconmovibles, donde todo se dice a media voz y cualquier temblor emocional, así como la cultura e incluso el sentido del humor se reprime a toda costa, consigue que su vida sea una incertidumbre, que esté siempre en eterna y terrible duda, que esté palpando en lo fatuo, y tropezando en la realidad.
Irene, solamente quiere vivir. Ser como cualquier chica de su edad; estudiar, reír, amar, soñar, imaginar… Quiere sentirse contenta, libre, pero no halla el camino adecuado para ello, por eso elige refugiarse en los sueños más dulces, en las ideas más bellas.
En términos generales, puedo decir, que he disfrutado escribiendo esta novela. Y el caso es que la he trabajado mucho; me he documentado exhaustivamente, y le he hecho por último una trilla (como se dice en el mundo literario) que casi me la cargo. Pero es curioso, mientras la escribía, en cierto modo, me aparté de tantas dosis diarias de guerras, homicidios, cotilleos, estupideces; y me escuché a mí misma; y me impacienté cuando las musas se retrasaban, y me emocioné con cada niño carente de amor y salud que pululaba en mi imaginación… Jugué y reí con ellos; me sentí cómplice del primer amor de una adolescente, cercana a unos seres que poseían la sorprendente grandeza, de saber disfrutar de todo sin tener nada. Y ahí está el quid de esta novela: en esa búsqueda que hacemos de la supervivencia y la dignidad humana, que siempre ha sido y será, la principal fuerza que mueve la tierra.

Maite García Romero

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HISTORIAS DE MUJER





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.Con uno de los relato de éste libro:
Nosotras que hemos luchado tanto se me concedió, en el año 2000, el primer premio del Certamen Literario convocado por el Ayuntamiento de Benalmádena, para el Día Internacional de la Mujer.
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DESPIÉRTAME

Este libro salió a la venta en junio de 1998





Cuando Germán, incapaz de afrontar el abandono de su mujer y la enfermedad irreversible que le invade, decide poner fin a su vida en una solitaria playa, queda sorprendido al descubrir a una hermosa y enigmática mujer, que le hace entrega de un manuscrito antes de desaparecer entre la bruma marina. Sobrecogido, descubre que es el testimonio de Patricia, una médico que muere de forma violenta en un aparcamiento del Madrid burgués, y que narra las experiencias que tuvo de su paso por la Tierra, y, especialmente, los asombrosos descubrimientos que hizo después de abandonarla, cuando comprobó que no había terminado en la tumba como esperaba.

Una obra tan fascinante como conmovedora, en la que la autora lleva al lector a reflexionar sobre el sentido de la vida, y nuestra actitud para tomar conciencia de la muerte sin sufrimiento ni angustia.


Editorial Huerga y Fierro Editores.



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Presentación en el Círculo de Bellas Artes de Madrid

Recuerdo que cuando acabé el libro anterior a éste, sentí una imperiosa necesidad de continuar escribiendo, de volver a caminar por los laberintos de la imaginación para comenzar a crear una nueva historia. El hecho de sentarme a escribir me produce una satisfacción que en cierto modo se asemeja al sentimiento que he experimentado con cada embarazo. Es sentir como la primera idea implantada en la mente, es ya una nueva vida dentro de ella que se va gestando día tras día, que va adquiriendo peso, sentimientos. Al término, te quedas mirando el manuscrito y piensas que verdaderamente acabas de parir a un hijo. Un hijo menor que fue engendrado en la mente pero que es algo tan tuyo y tan arraigado a ti, que lleva parte de tu personalidad.
Y como todo embarazo, no suele producirse cuando una quiere sino cuando tiene que llegar. Y así me vi, que por más que lo intentaba las ideas se atropellaban en mi cabeza y no acababa nunca de definirse el argumento que debía componer ese futuro libro.
Aquella mañana en la que me desperté impresionada por un sueño que tuve, recuerdo que era sábado. Durante unos segundos, un poco aturdida, me quedé mirando la luz que se filtraba a través de la persiana. Aquel sueño me había resultado tan real que me impresionó hondamente. El reloj marcaba las 7,15 h, cuando más consciente ya de la realidad me levanté y rápidamente escribí el resumen de aquel sueño antes de que pasara al olvido. ¡Fantástico –exclamé– este será el tema de mi próxima novela. Lo curioso es que ese tema era el más opuesto de los que yo había barajado, el que jamás se me hubiese pasado por la imaginación, sin embargo, sin apenas ordenar mis ideas sentía ya la imperiosa necesidad de comenzarla. Era como si alguien me dijera: “toma, ahí está contenido lo que debes escribir”.
En varias ocasiones estuve tentada a abandonar esta narración, pero cuando decidía dejarlo las ideas comenzaban a surgir de nuevo tan claras y sencillas, que volvía a continuar con más entusiasmo.
Patricia, la protagonista de esta historia, es una mujer de nuestro tiempo. Médico de profesión, empeñada siempre en destacar tanto en el ámbito profesional como en el personal. Rígida consigo misma y con los demás, le preocupa dar siempre una imagen moral intachable. Con los pies firmemente arraigado a la tierra, jamás se plantea la existencia de Dios, del alma o de una vida más allá de la muerte, porque para ella la ciencia es su dios, el cuerpo su ser al que se aferra con fuerza, la vida presente la única, y en consecuencia, según ella, todo acaba en la tumba.
La muerte en el hospital la vive como una derrota profesional, no entiende su sentido. Evita pensar en ella porque le aterra, e incluso le parece creer que es algo que sólo les ocurre a los demás, pero que nunca le va a llegar.
¿Y no es precisamente este sentimiento de temor que tiene Patricia común en mí también? Me pregunté una vez mientras escribía. Lógicamente yo sabía, que más tarde o más pronto tengo que abandonar este mundo, pero esto era algo que estaba superficialmente en mí como teoría. Tuve que sufrir un accidente de tráfico y verme cerca de ese momento, para experimentar en la práctica una pequeñísima parte de ese instante tan trascendental. Y a partir de entonces, supe que había tenido la gran oportunidad de percibir una dimensión tan extraordinariamente nueva que cambió de una forma muy positiva mi vida.
Lo curioso es que no hay nada en este mundo de lo que podamos estar tan seguros, como de que un día lo habremos de abandonar, y sin embargo, que pocas veces analizamos en profundidad este acontecimiento. El tema de la muerte nos produce tal angustia, que nos arruina la alegría de vivir. La muerte es siempre un aguafiesta que estropea todo sentimiento de placer. Nadie sabemos como tratarla, y como no sabemos, la mayoría adoptamos la técnica del avestruz.
Por supuesto que la cuestión de afrontarla serenamente es difícil, ya lo creo que sí; nos resulta oscura de entender, nos asusta su desconocimiento.
¿Qué es la muerte? –nos preguntamos– ¿Adónde vamos? ¿Por qué? ¿Para qué? Para unos será el sentido de la existencia y para otros, el sinsentido. Para unos el encuentro con Dios y para otros, el encuentro con el vacío infinito; para otros tantos una solución a sus vidas, para otros, un rebelarse a ella.
La soledad que hoy día está hiriendo a tanta gente, pienso que nace de un profundo vacío espiritual. Pocas veces disfrutamos de ese silencio íntimo con nosotros mismos. Pasamos la mayor parte de nuestra vida rodeados de inseguridades y frustraciones intentando sobrevivir en un mundo en el que el éxito es medido en términos materiales. Cómo organizar, cómo trabajar, cómo poseer cada vez más, cómo amar,.. ¡Cómo ser feliz!...
La habilidad para saber vivir feliz, es siempre un proceso interno de búsqueda y aprendizaje. El gran filósofo Carl G. Jung dijo: “Lo que acontece después de la muerte es tan inenarrablemente hermoso, que ni nuestra imaginación ni nuestros sentimientos alcanzan a vislumbrar un concepto siquiera aproximado”. Efectivamente, creo que si tuviésemos un atisbo siquiera de lo que significa lo que nosotros llamamos muerte, seguro que adoptaríamos una aptitud distinta frente a la vida, mucho más humana, más pacífica, y en definitiva, mucho más feliz.



Maite García Romero

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lunes 16 de julio de 2007

YO ACUSO Y PERDONO

Este libro se encuentra en las Bibliotecas del Instituto Cervantes de Manila, Nueva York y Londres.


Salió a la venta en junio de 1993


Prólogo escrito por: Pedro Miguel Lamet (S. J. Escritor y periodista)


Si un gran número de aquellos niños de la posguerra española, vivieron con las consecuencias de una educación autoritaria y represiva por parte de los colegios, la iglesia y la sociedad en general, que fomentó el temor y redujo considerablemente la libertad impregnando las mentes infantiles de valores eternos de guerra y religión, esos mismos efectos se multiplicaron en otros niños que la soportaron bajo el peso de una enfermedad, internados en instituciones sanitarias.Yo acuso y perdono da un testimonio sobrecogedor de un trozo de vida que fue la realidad cotidiana, en uno de esos centros, en la ciudad de Málaga. Es una novela sobre la inseguridad y soledad de una niña enferma, frente al pánico y desamparo de una educación increíble; donde la autora-protagonista nos narra cómo consiguió hacer una trasmutación interna de su angustia y desesperanza en un canto y alabanza de la vida como valor supremo. Y aquí es donde radica la base primordial de este libro, en ese paso mágico de ternura inmensa que anula y perdona los errores del ayer.
Editorial Betania



La presentación tuvo lugar en el Ateneo de Madrid el día 7 septiembre de 1993



El primer impulso que me llevó a escribir éste libro, fue el de un grito de denuncia a un pasado en el que una educación represiva, cruel, e inflexible, nos marcó a muchos de aquellos niños enfermos que durante años permanecimos internados en instituciones sanitarias soportando una agresividad, tanto física como psíquica, que nos traumatizó dejándonos unas secuelas que arrastraríamos en el futuro.
Porque carecimos de cariño, de juegos, de contento. No hicieron el mínimo gesto por hacernos sentir queridos, comprendidos, amparados; al contrario, se esforzaron en promover el temor y el miedo con sus palabras de amenazas, con sus actuaciones… Cuántas veces fue ignorada nuestra dignidad, nuestra condición de niños impedidos… Cuántas vece se nos humilló, se nos oprimió, se nos trató de manera muy poco saludable y normal, con lo cual, fue imposible alcanzar un pleno y armonioso desarrollo de nuestra personalidad infantil.
Hoy, después de tantos años, después de tantas experiencias acumuladas y de haber ido conquistando palmo a palmo la armonía dentro de mí, no quiero que éste grito de denuncia a ese pasado quede sólo como una mera acusación hacia unas personas que, en realidad, sólo nadaban dejándose arrastrar por la corriente de oscurantismo que existía. Y aunque ya hoy día en nuestro país se ha dado un paso gigantesco en éste sentido, me gustaría que mi voz pudiera ser oída en muchos lugares del mundo en el que por varias razones aún se sigue descargando en los niños agresividad de guerra y muerte, o de incomprensión a sus limitaciones físicas o psíquicas que destruyen sus libertades y ahogan sus alegrías e ilusiones.
Y ese sería el reclamo de unos derechos del pasado, que por lo menos, si muchos tuvimos que sufrir sus consecuencias, que esos mismos errores pudieran servir ahora y en el futuro, para que no se repitan; para que actuemos siempre con amor y justicia, dejando a los niños con su frescura natural, con su sonrisa e ilusión, asomarse con sus miradas limpias a la ventana de la vida.



Maite García Romero